Por: Pastor Judío Mesiánico Claudio Eligio De León
13Subió Yeshúa a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él. 14Designó a doce, a quiénes nombró shaliáj, para que lo acompañaran y para enviarlos a predicar. (Marcos 3:13-14).
El llamado a ser un talmid de Yeshúa, es soberano y voluntario. Yeshúa llama a quién el quiere, y el que es llamado debe hacerlo voluntariamente. Durante Su actividad en Galil comienzan a reunirse en torno a Él, un grupo de talmidím, entre los que eligió, más tarde, a doce para que estuvieran siempre con él. Yeshúa deseaba que aquellos que le seguían, estuviesen dispuestos a recorrer el mismo camino. Este proceder de Yeshúa no era extraño a la generación de su tiempo, que lo oía y veía sus acciones. Iojanán el Sumergidor había reunido su propio círculo de discípulos. También los Rabinos tenían a su alrededor un grupo de talmidim que los seguían para vivir con ellos. En tiempos de Herodes el Grande uno de los Rabinos más famosos había llegado a reunir un grupo bastante numeroso: Hillel el Viejo tuvo ochenta discípulos, según Talmud de Babilonia, Sukká 28a.
Los rabinos transmitían los conocimientos objetivos de la Torah, determinando, además, por su enseñanza y ejemplo, un estilo de vida. El aprendizaje de la Torah, como también su enseñanza, se entendía en gran parte como un servicio al cual el talmid quedaba obligado hacia su rabbí y éste prestaba así un servicio al pueblo de Hashem, siguiendo el ejemplo de otros. Leemos: Moshé vivió 40 años en Mizraim, vivió 40 años en Madián y sirvió a Israel 40 años. Hillel el Viejo subió de Babilonia a los 40 años, sirvió a los sabios 40 años y sirvió a Israel 40 años. Rabbán Yojanam ben Zakkay trabajó en sus negocios durante 40 años, sirvió a los sabios 40 años y sirvió a Israel 40 años. Rabbí Aquiba aprendió la Torah a los 40 años, sirvió a los sabios 40 años y sirvió a Israel 40 años (Midrash Tannaím sobre Dt 34,7).
El servicio a los Rabinos incluía los trabajos más humildes: Todos los trabajos que un esclavo hace para su amo, tiene que hacerlos un discípulo para su Rabbí, incluso desatarle las sandalias (Talmud de Babilonia, Kethubbot 96,a).
En este contexto podemos entender la instrucción transmitida por el Rabino Shaúl, que era fariseo y había sido talmid de Rabbí Gamaliel en Jerusalem. Dice Shaúl: Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Torah de nuestros padres (Hech 22,3). Yeshúa enseñaba que el servidor debía ser el Rabino y no el talmid. Dice Yeshúa: el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mc 10,43-45).
Habían diferencias entre algunos intérpretes y maestros de la Torah y sus respectivos talmidim, por un lado, y entre Yeshúa y sus talmidim, por otro. La iniciativa de llegar hasta cualquier Rabbí partía de los propios discípulos, que se sentían atraídos por la autoridad erudita de ese maestro al cual ellos mismos elegían. Rabán Gamaliel decía: consíguete un maestro, aléjate de la duda (Mishná, Abot I,16). Más tarde ellos podían cambiar libremente de Rabbí, como en el caso de Rabino Shaúl que estaba bajo una autoridad, pero cuando tiene un encuentro personal con Yeshúa resucitado, le llama Adonai y a partir de ese encuentro, es llamado a ser shelíaj, un enviado bajo una nueva autoridad, la del Rabino ortodoxo Yeshúa ha Mashíaj, que también es Hashen en la carne.
Yeshúa era quien convocaba personalmente a cada uno de sus seguidores con su autoridad Mesiánica. Dice el Brit Hadashá: Caminando un poco más adelante, vio a Iaakóv ben Zavdái, y a su hermano Iojanán, estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos dejando a su padre Zavdái en la barca con los jornaleros, se fueron tras él (Mc 1,19-20). Esta manera de llamar seguidores se asemeja notablemente al llamado dirigido por Eliáhuh ha Naví a Elishá. Dice el Tanak: Eliáhuh partió de allí y encontró a Elishá, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas delante de él, y él estaba con la duodécima. Eliáhuh fue a donde él estaba y le echó su manto encima. Inmediatamente dejó él los bueyes, corrió tras Eliáhuh y dijo: Permíteme besar a mi padre y a mi madre, entonces te seguiré. Y él dijo: Vé, vuélvete. ¿Qué te he hecho yo? ... Después se levantó y fue tras Eliáhuh y le servía (1 Malajím 19,19-21).
En ambos casos parecía ser el primer encuentro entre a quién se llamaba y los que eran llamados; también la tarea cotidiana era el ámbito en el que eran llamados los discípulos, y la respuesta era siempre inmediata; la despedida de los padres era también una nota común.
Yeshúa llamaba libremente a quien él elegía, incluso, a aquellos que no eran aceptados por otro Rabbí dentro de su grupo. Entre los seguidores de Yeshúa habían pescadores, cobradores de impuesto, y tal vez algún artesano o campesino de Galil. Leemos: Al pasar vio a Leví (Matitiáhu), el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: "Sígueme". El se levantó y lo siguió (Mc 2,14).El discipulado de los sofrím de la Torah estaba reservado sólo a los varones, puesto que las mujeres no tenían acceso al estudio. Dice el Tamud: No hay sabiduría para la mujer, sino en el telar. Como está escrito: Y toda mujer sabia, se dedica a hilar (Talmud de Babilonia, Yomá 66, Mishná, Sotá III,4). En el entorno de Yeshúa, en cambio, hay mujeres que lo siguen. Leemos: Lo acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: Miriam, la de Magdala, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes (Lc 8,1-3).
Los estudios de la Torah eran largos y exigentes, debiendo comenzar, cuando el hombre se encontraba aún en la niñez. Citamos: El que aprende de niño, ¿a qué se parece? A tinta escrita en papel nuevo. El que aprende de anciano ¿a que se parece? A tinta escrita en un papel borroneado (Mishná Abot 4,20). Esto no significaba que hubiese también honrosas excepciones: no te fijes en el cántaro, sino en lo que hay dentro. Hay cántaros nuevos llenos de vino añejo y viejos que no tienen ni siquiera nuevo (idem.). El niño de cinco debe comenzar el estudio de la Torah; con diez, la tradición; con trece años ha de comenzar a observar los preceptos; ... a los dieciocho, el matrimonio; a los veinte, el perseguir un oficio; a los treinta, la plenitud del vigor; a los cuarenta, la prudencia; a los cincuenta, el poder impartir consejos (Abot 5,21).
La autoridad de Yeshúa ha Mashíaj Era diferente la autoridad que manifestaban el Rabino Ortodoxo Yeshúa y otros Rabinos, sofrím de la Torah. El estudiante lo aprendía todo de memoria y no reparaba en repetir innumerables veces un pasaje. Decía Hillel: El hombre que repite un capítulo cien veces no puede compararse con el que lo repite ciento y una vez. (Talmud de Babilonia, Haguigá 9). Y para facilitar la memorización, los Rabinos procuraban enseñar frases concisas, acuñadas de tal forma que llamaran la atención. Así pedemos entender cuando Yeshúa dice desde el madero: Eli, Elí, lama sabactaní?. El citaba el primer versículo de Tihílim 22, para que los observadores de su muerte, recordaran las palabras sobre mi ropa echaron suertes , en otras palabras, él les decía, vean, en mí se cumple esta palabra hoy. Era costumbre entre los sofrím que se recurriera a la referencia de los maestros anteriores para conservar la tradición. A ningún Rabino se le hubiese ocurrido introducir innovaciones si quería ser considerado fiel intérprete (sofrím) de la Torah. Cualquier aporte a la tradición debía ser hecho a partir de la mención de una gran autoridad. Por eso se decía de Iojanam ben Zakkay que nunca dijo nada durante su vida que no hubiera oído decir a su maestro (Talmud de Babilonia, Sukká 28a).
Esta transmisión fiel de Rabbí a Talmid hacía posible que se formara una cadena de instrucción de la Torah sin interrupción, desde los maestros actuales, hasta llegar al mismo Moshé. Citamos: Moshé recibió la Torah en el Sinaí y la transmitió a Iehoshúah. Iehoshúah se la transmitió a los antepasados, los antepasados a los profetas, los profetas la transmitieron a los hombres de la Gran Asamblea. Estos decían tres cosas: sed cautos en el juicio, haced muchos discípulos, poned una valla en torno a la Tora (Mishná, Abot I,1). Pero, a pesar de la preocupación por transmitir la sustancia genuina de la Torah que Moshé había dado oralmente a Israel, en las escuelas rabínicas se fueron formando diferentes tendencias para interpretar esa única Torah. La escuela de Hillel se diferenciaba de la escuela de Shammay por su tendencia menos rigorista. Leemos: Durante muchos años discutieron las escuelas de Hillel y Shammay. Unos decían: la jurisprudencia es tal cual nosotros la interpretamos. Los otros, a su vez, abogaban por su propia razón. Finalmente salió una voz del Cielo que declaró: "Tanto las palabras de unos como las de los otros son palabras del Elohím viviente". Si es así -preguntaron- ¿por qué se determinó en la mayoría de los casos que la razón la tienen los discípulos de Hillel? Porque eran amables y humildes. Esto te enseña: El que se humilla, es enaltecido por Hashem. El que se enaltece, es humillado por Hashem. El que corre en busca de grandeza, la grandeza huye de él (Talmud de Babilonia, Erubim 13).
Yeshúa fue fiel obediente y cumplidor de la Torah y de las tradiciones judías, como Rabino ortodoxo que era. A continuación tenemos el testimonio de Pinchas Lapide, un erudito rabino ortodoxo que refiriéndose a Yeshúa dice: De acuerdocon los evangelios, y de ninguna manera quebrantó (Yeshúa) la Ley de Moisés Tampoco facilitó en ninguna forma que otros la violaran. Es totalmente falso decir que lo hizo.
En este sentido, y ustedes deberían creerme, porque yo conozco el Talmud, este Jesús fue tan fiel a la Ley como yo quisiera ser, pero tengo la impresión que El fue más fiel a la Ley que yo mismo, y yo soy un judío ortodoxo (In Hans Kungs, Jesús in Conflict a dialogue between Lapide and Hans Kungs, en Singposts for the future, Doubleday, New York, 1978 pág. 73 y 74).
Este Rabino ortodoxo estudió la vida de Yeshúa ha Mashíaj en los evangelios y quedó convencido de Su fidelidad obediencia a la Torah y a las tradiciones judaicas de su tiempo.Yeshúa enseñó muchas cosas semejante a las enseñanzas de Hillel. Algunos estudiosos creen que su formación en la Torah fue en la escuela de Hillel. Por ejemplo, Yeshúa dijo: el que se exalta será humillado, y el que se humilla será exaltado (Lucas 18:14) Este dicho lo citamos arriba como una enseñanza de Hillel (Tamud de Babilonia, Erubim 13).
Dice el Brit Hadaza que la gente al oír a Yeshúa se asombraba o admiraba de su instrucción; porque les enseñaba como quien tiene autoridad (smijáh), y no como sus sofrím (Matitiáhu 7,28). Sus palabras tenían una fuerza propia. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ... Pues yo os digo... (Mt 5,21-22.27-28). Yeshúa hablaba con la autoridad del Mashíaj de Israel, cumpliendo y completando la Torah. Hashem mismo le indicaba las palabras. Esta manera de hablar Yeshúa, fue una pretensión inaceptable para muchos, ayer y hoy.
Las enseñanzas de los intérpretes concentraban a sus talmidim en la Torah, como centro de toda su vida religiosa. Hillel solía decir: sé un discípulo de Aarón, ama y busca la paz, ama a los otros hombres y acércalos a la Tora (Mishná, Abot I,12). Porque el cumplimiento de la Torah proporcionaba al hombre todo lo que se podía desear: Grande es la Torah, porque instruye y guía para salvar el alma a quien la obedezca en este mundo y en el venidero, tal como está escrito: Es vida para quien la encuentra y cura para toda carne
(Mishná, Abot VI,7). Yeshúa, concentraba la atención de sus talmidim en torno a su propia persona, pues él era la manifestación del Reino de Hashem que había llegado. Yeshúa era el Mashíaj de Israel, y el Hijo de David, con derecho al trono.
La fidelidad o infidelidad hacia el Rabbí encontrarían confirmación y respuesta el día del juicio. La comunión en la que habían entrado los seguidores de Yeshúa estaba llena de promesas, pero también de circunstancias adversas: Por todo el que se declare por mí ante los hombres, también el Hombre (Bar Enash) le declarará ante los ángeles de Hashem. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Hashem (Luc 12,8-9).Todo aquel que seguía a Yeshúa, debía hacerlo voluntaria e incondicionalmente. Estas exigencias aparecen en una serie de diálogos (Matitiáhu 8,19-22; Luc 9,57.60-61). Ser un talmid de Yeshúa implicaba una decisión. Consistía en estar dispuesto a dejarlo todo, abandonar todas las cosas y literalmente seguir a Yeshúa de un lugar a otro, aceptando cualquier circunstancia de los que se desplazan continuamente como Rabino itinerante. Uno fue advertido cuando dijo a Yeshúa te seguiré adondequiera que vayas. La respuesta fue: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hombre (Bar Enash) no tiene donde reclinar la cabeza (Mat 8,19-20). Los Rabino itinerantes en aquel tiempo, vivían de la hospitalidad de los lugareños y comían de los ellos le ofrecían. Yeshúa iba continuamente de un lugar a otro.
No había lugar para posponer la decisión cuando se había recibido la invitación del Mashíaj Yeshúa a seguirlo: Que los muertos sepulten a sus muertos(Mat. 8,22). Los muertos espirituales que no se ponían bajo el yugo de la Torah. La necesidad de romper los vínculos familiares para quedar completamente libres para el Reino ya presente, era planteada por Yeshúa con palabras que para algunos eran difícil tolerarlas. En caso de conflicto con los de su casa, el que había sido llamado tenía que preferir el seguimiento de Yeshúa, pues era más importante. Otros maestros planteaban la misma exigencia, pero en un lenguaje más aceptable: Si su padre pierde algo y el maestro pierde algo, debe preocuparse antes por la pérdida de su maestro. El padre lo trajo a este mundo. Pero el maestro lo conduce al mundo venidero(Talmud de Babilonia, Baba Metziá 33).
Yeshúa exigía gente que creyera en él, que le fuesen fieles y le obedecieran. Yeshúa no enseñaba falsa expectativas, mediante falsas seguridades, metas equivocadas y egoístas. El costo de seguirlo, tenía un precio: Quién realizara su vida yendo en pos de Él, orientándola hacia su instrucción, daría pleno sentido a su vida, aunque hubiese de sufrir adversidades que lo llevaran hasta perder la vida. La vida prometida sobrepasaba los límites de la propia muerte.La dignidad y la misión de algunos de los discípulos de Yeshúa fue expresada simbólicamente por el número Doce, como las antiguas tribus de Israel. Así como el Mesías debía gobernar a las tribus del pueblo que Hashem santificó (Salmos de Salomón 17,26), los discípulos de Yeshúa formarían un grupo mesiánico partícipe de su misión: Yo les digo a los que me han seguido, que en la Restauración, cuando el Bar Enásh se siente en su trono, ustedes también se sentarán en doce tronos, gobernando a las doce tribus de Israel (Mat 19,28-29).
Toda persona podía experimentar en Israel, la bondad de Hashem que perdona. La invitación de Yeshúa en llevar su yugo, haría ligera la carga. El yugo del Reino de Hashem y el yugo de la Torah, en Yeshúa no era pesado, si dejaban transformar sus vidas desde su interior. Él dijo: ulí aléijem, menujáh le nafshejém, ki ulí ráj u masai kál (Matitiáhu 11: 29).
El yugo es liviano, siempre y cuando él lo lleve.
Esta manera de presentar Yeshúa el Reino de Hashem, era distinto al movimiento exigido de los Esenios, que sometía a un prolongado aprendizaje a todo el que quisiese ingresar en su comunidad. Citamos: Todo israelita que desee entrar en el Consejo de la comunidad será examinado en lo referente a su inteligencia y a sus obras por el presidente en jefe de la multitud. Si se lo encuentra capaz de observar la disciplina, lo introducirá en la alianza para que se convierta a la verdad y se aparte de toda perversidad, y lo instruirá en todas las constituciones de la comunidad... Cuando haya cumplido un año entero en el seno de la comunidad, la multitud deliberará sobre su caso en lo referente a su inteligencia y a sus obras concernientes a la Ley. Si la suerte decide que entre en la sociedad de la comunidad, de acuerdo con la decisión de los sacerdotes y la mayoría de los miembros de su alianza, entonces serán consignados sus bienes y sus haberes en manos del inspector de los bienes de la multitud; pero se inscribirán a nombre suyo y no podrán ser empleados en las necesidades de la multitud. No tomará parte en el banquete de la multitud hasta que haya pasado un segundo año en el seno de los miembros de la comunidad. Cuando haya cumplido este segundo año será examinado por la multitud. Si la suerte decide que entre en la comunidad, será inscrito reglamentariamente según su rango entre sus hermanos en cuanto se refiere a la Ley, al derecho, a la purificación y a la comunión de bienes. Tendrá voz y voto en la comunidad (Regla de la Comunidad 1QS VI,14-23).
También Yeshúa difería de algunos prushim (hebr.: los separados), que se consideraban a sí mismos los hermanos de la alianza (hebr. haberim), representantes de la auténtica comunidad de Israel. Mientras que en los tiempos antiguos cualquier israelita era un haber respecto a otro israelita, algunos fariseos reconocían como hermano propiamente dicho sólo al observante estricto de la Torah, y no a un simple habitante del país (hebr. am ha'aretz. Leemos: el perteneciente al vulgo): Todo el que aspira a ser haber no vende a un am ha'aretz frutos frescos o secos, no le compra frutos secos, no entra en su casa como huésped y tampoco le acepta como huésped si lleva sus propias ropas(Mishná, Demay II,3). Los vestidos del 'am ha'aretz son impuros para los fariseos (Mishná, Haguigá II,7).
Nuestro Mashíaj Yeshúa no examinaba quién había vivido religiosamente y quién pecaminosamente antes de ofrecerle la nueva iniciativa salvadora del Ha-Mimshélet ha Shamaim. Iojanán El Sumergidor proclamó lo mismo, pero a diferencia de él, Yeshúa no invitó a Israel a llevar una vida de austeridad en el desierto, sino que buscó a la gente en su situación real, en la vida cotidiana, y comenzó a vivir con ellos la nueva comunidad del Reino.
La proclamación del Ha-Mimshélet ha Shamaím, exigía unos colaboradores entrenados y dispuestos. Es por esta causa que Yeshúa envía a unos talmidim que compartieron con él la vida itinerante y el trabajo misionero.
Anunciar la proximidad del Reino de Hashem y manifestar su fuerza salvadora ya presente, era el servicio que los seguidores del Mesías. Todos debían estar dispuestos a enfrentar las circunstancias adversas, el sufrimiento y hasta la muerte. Él les dijo: Id proclamando que el Dominio de los Cielos está aquí. Sanen a la gente enferma, limpien a los leprosos, resuciten a los muertos y expulsen a los demonios. Gratuitamente recibieron, den gratuitamente (Mt 10,6-8).
Aprendemos que los talmidim no solamente eran los que se beneficiaban con las fuerzas salvadoras del Reino de Hashem, presentes en la palabra y en la acción de Yeshúa. Ellos tomarían una parte muy activa al servicio de su mensaje y en la realización de su victoria, como lo testifica la historia.El talmid llevaría la paz a las ciudades, a los pueblos y a las casas, difundiendo a su alrededor la salvación como una bendición protectora: Al entrar en la casa, saludadla. Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros (10,12-13). El lugar que no los acogiera tendría un final malo el día del juicio: En la ciudad en que entréis y no os reciban, salid a sus plazas y decid: "Hasta el polvo de vuestra ciudad que se nos ha pegado a los pies, os lo sacudimos. Pero sabed, con todo, que el Reino de Hashem está aquí". Os digo que en aquel Día habrá menos rigor para Sodoma que para aquella ciudad (Lc 10,10-12).
Este modo de vivir sorprenderían a más uno, que pudieran diferenciarlos con los discípulos de cualquier Rabbí establecido en una determinada casa de estudio. La austeridad de su propia vida era parte del mensaje: No os procuréis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; porque el obrero merece su sustento (Mt 10,9-10).
Este estilo de vida los asemejaba, a los esenios. Dice el historiador Josefo acerca de los esenios: Ellos no llevan nada consigo cuando viajan a lugares remotos, aunque sí pueden llevar sus armas, por temor a los ladrones. De acuerdo con esto, hay en cada ciudad donde ellos viven, uno designado particularmente para cuidar a los extranjeros, y proveerles ropa y otras cosas que pudiesen necesitar. Pero ellos no permiten el cambio de ropas o de zapatos hasta que éstos estén completamente deshilachados o gastados por el tiempo ( Guerra II125s)
Los predicadores itinerantes del Reino de Hashem recibirían también una nueva familia a cambio de la que dejaron: Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna (Mc 10,29-30).
Sin embargo, Yeshúa no exigía esto a todos los que creían en su mensaje. A otros los dejaba en medio de su vida, sin separarlos de su pueblo, de su oficio o de su familia. No los consideraba indecisos o incapaces, ni los excluía del Reino de Hashem. Todos aquellos que se habían beneficiado con el Reino, no eran tenidos como menos entre los seguidores Sus seguidores, ellos de todos modos llegarían a ser en su propio ambiente Sus testigos: Al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: "Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Adonay ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti". Él se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Yeshúa había hecho con él, y todos quedaban maravillados (Mc 5,18-20). Todo eso indica que los talmidim constituían un grupo selecto y restringido, con un llamado especial, a ser testigos del Mashíaj Yeshúa entre las naciones. Llegará el día, cuando Yeshúa venga en su kavod, con honor y honra, a perfeccionar el Reino de Hashem y oiremos su llamado a rendirle cuenta de todo lo que hicimos. ¿ Nos dirá: Buen siervo y fiel.?
Pastor Judío Mesiánico Claudio Eligio De León
Congregación Judío Mesiánica Béit Or
Coro Estado Falcón VENEZUELA
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