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Mandarás

Kodesh laHashem-Santidad al Eterno

10 de Adar I de 5768

16 de Febrero del 2008

Shemot / Exodo 27.20 - 30.10

 

Ariel Medina
judío mesiánico

Sinagoga Bet Haderej

México DF

Introducción

Shemot 27:20 Ve'atah tetsaveh et-beney Yisra'el veyikju eleyja shemen zayit zaj katit lama'or leha'alot ner tamid.

Exodo 27:20 Y tú ordenarás a los hijos de Israel que te traigan aceite de olivas puro, batido, para la iluminación, para encender las lámparas permanentes.


Shalom, amados. En este día tenemos el privilegio de dedicar nuestra atención a una persahá que toca varios tópicos aparentemente superfluos, pero que sin duda todos entendemos que esto no es así; que ninguna palabra de la Torá es superficial y sin provecho.

El Eterno -bendito sea su Nombre- , ha puesto su sabiduría en cada narración, en cada palabra de su preciosa Torá, en cada letra, incluso.


Temas de la Perasha

La perasha habla sobre los siguientes temas:

Primera alía (27:20-28:11):
El Eterno ordena a todo el pueblo traer aceite de oliva machacadas para encender las luminarias. El sacerdote era el encargado de encenderlas desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Yisrael por sus generaciones.

Segunda alía (28:12-28:29):
Las vestiduras sagradas de Aarón y sus hijos. Las piedras de onix talladas con los nombres de los hijos de Yisrael, seis nombres en una piedra y seis en la otra. Aarón las llevaría sobre las hombreras del Efod en memoria de los hijos de Yisrael.

Tercera alía (28:30-28:42):
Y pondrás dentro del pectoral los urim y los tumim, que transliterado es luces y perfecciones. Los urim y tumim serian consultados como un oráculo por el sumo sacerdote. Josefo describe que cuando los Israelitas iban a la batalla, las piedras brillaban con gran esplendor como señal de victoria.

Una lamina de oro puro y grabado que decía: "Kodesh-le-YHVH es decir Santidad al Eterno" sujetada con hilo azul celeste seria puesto sobre la frente de Aarón. Una túnica de lino bordada y un turbante de lino con un cinturón hecho por artífice. A los hijos de Aarón también harás túnicas, cinturones y tiaras para dignidad y esplendor. Y harás que se vistan de manera especifica y los ungirás santificándolos para que Me sirvan.

Cuarta alía (28:43-29:18):
Aarón y sus hijos son consagrados y purificados para ser Sus sacerdotes.

Quinta alía ( 29:19-29:37):
En la ceremonia de consagración de Aarón y sus hijos, la sangre del carnero se aplicaba sobre la oreja del sacerdote como una señal de que éste solo escucharía la Torah del Eterno, sobre el dedo pulgar de la mano derecha como señal que cumpliría con sus deberes como sacerdote, y sobre el dedo pulgar del pie derecho como símbolo que caminaría por senderos de justicia.

Sexta alía (29:38-29:46):
Dos carneros de un año serian ofrecidos, uno por la mañana y otro a la caída de la tarde. Con cada carnero la décima parte de sémola mezclada con un cuarto de hin de aceite de olivas machacadas, y la libación será un cuarto de un cuarto de hin de vino para el primer carnero. El segundo carnero seria ofrecido de la misma manera que el de la mañana con su correspondiente libación. Ofrenda de olor grato será al Eterno.

Séptima alía (30:1-30:10):
Y harás un altar hecho de madera de acacia para quemar incienso de un codo de largo, un codo de ancho y dos codos de alto. Será cuadrado y saldrán de el cuernos. De oro puro será cubierto tanto su techo como sus paredes y cuernos. Y quemara sobre él, Aarón, incienso por las tardes al encender las luminarias (lámparas) de la menorah perpetuamente por vuestras generaciones.

Enseñanza


En esta persahá, hemos leído cómo el Eterno indica a Moshé rabenu/ nuestro rabino, que ordene a los hijos de Israel lo siguiente y le instruya sobre:

a)    Que traigan aceite PURO de olivas machacadas (para el encendido de la Menorá)
b)    Las vestiduras de Aharon, el kohen Gadol.
c)    Consagración de Aharon y sus hijos
d)    Sobre el Altar del incienso.

Además, hemos aprendido en otros comentarios previos que la persahá Tetzavéh, que significa, como hemos leído, “ORDENA”,  posee la particularidad de que no es mencionado en ella el nombre de Moshé. ¿Por qué? Hagamos un breve recordatorio para ubicarnos antes de avanzar a nuestra enseñanza. Cuando el Eterno pensó en borrar a todo el pueblo de Israel debido al pecado del becerro de oro, Moshé intercedió a favor  de Israel diciendo: “Mejeini na misifreja asher katavta”/ “bórrame de tu libro que has escrito “, A lo que el Eterno le respondió, como está escrito en Shemot-Éxodo 32::33 « Y el Eterno respondió a Moshé: Al Que pecare contra mí, a éste yo borraré de mi libro», y bajo esta sentencia,  no había razón alguna para que Moshé fuese borrado del libro ¿cierto? Nos enseñan los sabios de nuestro pueblo, que Moshé empleó una palabra adicional al decir “asher katavta (cuando shekatavta hubiese sido suficiente)”, por tanto, su nombre fue borrado de la persahá Tetzaveh, porque las palabras “asher” y “tetzaveh” tienen el mismo valor numérico, es decir:  501.

Otra explicación dada por nuestros sabios de bendita memoria,  a este respecto es que debido a este grave pecado del becerro de oro, el Eterno  decidió no acompañar más al pueblo y dijo a Moshé “Mi  ángel irá delante de ti” Shemot-Éxodo 32:34. Hashem deseaba que el ángel Mijael guiara a Israel junto con Moshé. «Hinei malaji yeilej lefaneja». ¿De dónde aprendemos esto? La palabra MALAJI, puede ser reordenada para leer en su lugar MIJAEL. Dice Rashi que Moshé no aceptó que el ángel Mijael los guiara, e insistió en que Hashem mismo acompañara al pueblo.  Así entonces, en la perashá tetzaveh, hay 101 pasukim lo cual nos ayuda a recordar  en ella la palabra MIJAEL,  la cual tiene el valor numérico de 101. Esta persahá, en la cual no es mencionado el nombre de Moshé, es una forma indirecta para decir MIJAEL, porque –dicen nuestros sabios- que Moshé se resistió ir junto a Mijael hamalaj.


 Quiero basarme en el pasúk 28:36 de Shemot que dice: «Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, Santidad a Hashem (kodesh laHashem)»

Si bien, ya he tocado antes el tema de la santidad, cuando hablamos sobre lo que nos da la Torá, al guardarla, en el sentido que la santidad viene de ella, hoy abordaremos un tópico relacionado pero que más bien se centra en cómo se obtiene, cómo podemos tenerla en nuestra vida. Un hombre que guarda los mandamientos del Eterno, seguro se convertirá en una persona llena de la esencia de Hashem, cuya Santidad es innegable.

Pero si vamos a hablar de la Torá, relacionada con la santidad, entonces necesariamente caeremos en la cuenta de que no es un trabajo fácil. Pareciera sencillo imaginar solo leer la Torá y ¡Listo! Ya tengo Santidad. ¡No!, necesariamente debe haber un trabajo de por medio, un trabajo físico y un trabajo espiritual.

Cómo extraer esa sabiduría de las letras impresas. Por supuesto que, en principio, se requiere un corazón dispuesto, y muchos otros elementos que ya se han estudiado en esta beit Hakneset, y que nuestro rabino Mijael Ávila “Shlita”, ha tenido a bien enseñarnos. Hablamos por ejemplo de la Emunah, que es un tema básico porque ella nos llevará a buscar del Eterno.

Y este sentido, es necesario señalar que en la presente perashá, cuando el Eterno dice a Moshe:

 “Ordena a los hijos de Israel… que traigan aceite puro de olivas MACHACADAS, para el alumbrado…

Veyikjú eileja semen zayit zaj katit lema´or lehalot  neir tamid”

Y como dijimos antes, es verdad que la palabra del  Eterno no es superflua, y ya en este solo pasúk, estamos viendo muchas enseñanzas.

Vemos que la luz de la Torá (ma´or), solo se obtendrá machacando, teniendo voluntad y esfuerzo para sacar esa luz de entre las letras que el Eterno ordenó en ella. Mishlei 6:23 dice: “la Torá es luz…”, pero si queremos de verdad ver esa luz, uno debe machacarse a sí mismo, no solo en el estudio sino también en vivirla, pese a las fuerzas que nos empujan hacia la dirección opuesta.  Y también machacar la Torá, en sentido figurado, para extraer de ella la enseñanza que nos dará la luz oculta ahí.


Entonces tenemos que hay dos procesos en la consecución de la Santidad y esas son.

1.- El esfuerzo por conseguirla
2.- La recompensa divina por ese esfuerzo.

Me permito citar al Rabí Moshé Jaim Luzzato el RAMJAL, de su libro Mesilat yesharim (La senda de los rectos), en cuanto a los dos puntos anteriores. Explica que «el ser humano primero debe santificarse  a sí mismo, y al final recibirá la santidad.»

¿Cómo será esto? Pareciera que santificarse y santidad son lo mismo. Aparentemente, hay algo que no encaja. Y, sin embargo, explica el RAMJAL - Si yo necesito machacarme a mí mismo, para sacar la luz de la Torá contenida en ella, y al vivirla obtener la santidad ¿Cómo es que hasta el final recibiré la santidad? ¿No es mientras voy avanzando? Esto me da la idea ya, de que la Santidad no es una cosa que se va dando por partes, sino toda de una vez.

El RAMJAL explica, entonces: « El esfuerzo mencionado significa que el individuo debe separarse  y desprenderse completamente de la dimensión material y apegarse constantemente, en todo momento y circunstancia a lo divino…» E  incluso cuando el ser humano se ocupa  de actos físicos  necesarios debido a las exigencias de  del cuerpo, su alma no debe  apartarse de su apego  al Altísimo, como lo expresa el versículo:”Mi alma se apega tras de Ti; Tu diestra me ha apoyado…”

Ya lo vamos a entender, aunque ahora no parezca muy claro:

»No obstante, dado que es imposible que el ser humano se coloque [siempre] en este estado espiritual, porque es demasiado pesado para él (pues en última instancia sigue siendo un ser físico , de carne y sangre), por ello dije que la etapa final de la santidad  constituye un regalo divino.

»Pues lo que el ser humano es capaz de hacer es  (sólo) el esfuerzo inicial: la búsqueda activa del conocimiento  verdadero y el esclarecimiento constante en aras de la santidad  de los actos. Pero su conclusión es que el Creador  lo guiará en este mismo camino que él desea seguir  y hará que resida en él Su Santidad y lo Santificará. Y entonces su esfuerzo  concluirá exitosamente en que podrá mantenerse en este estado de apego a Dios en forma permanente. Pues aquello en que la Naturaleza [material] le impide lograr, Dios le ayudará y le asistirá. En este sentido, el versículo declara: “no retendrá el bien de aquellos que marchan con integridad”»

Así que de todas formas debe haber en principio, un esfuerzo de nuestra parte en esa búsqueda de la Santidad, y ¿en dónde debe concentrarse el esfuerzo?, pues nada, que solo en la Torá, para aprender a amarle a Él por lo que Él es, conociéndolo a través de sus mandamientos que iremos entendiendo mejor cada día que lo practiquemos amándole.

Es que el hacer la voluntad del Eterno, debe ser movido únicamente  por el amor que hacia Él nos insufla el estudiar la Torá, que es como aprendemos a conocerle. Es una reacción en cadena: entre más estudio su Palabra, más le conozco, y más le amo, y más quiero apegarme a Él. ¿Cómo nos apegamos a Él? Haciendo sus mandamientos.

Sigamos con las olivas machacadas.

Tenemos que el aceite puro de olivas machacadas (subrayo), servirían para el encendido de la Menorá, para hacer arder CONTÍNUAMENTE LAS LÁMPARAS.  En principio, hemos aprendido en la perashá del año pasado (5768) que el aceite no se mezcla con ningún otro líquido –hasta donde yo sé- , al contrario, se separa y se eleva, y esto tiene una enseñanza de fondo. El pueblo judío, usted como Yehudi, no debe mezclarse a fin de no ser asimilado, porque es único a los ojos del Eterno. Su meta, recuérdelo, no es dejar la vida en este mundo-olám hazé, sino el Olam habá-El mundo venidero. Por lo que usted debe grabar su vida, sus actos, su búsqueda y su despertar y dormirse con las palabras Kodesh laHashem-Santidad al Eterno.

Las lámparas, amados, la lámpara, mejor dicho, es el alma de todo judío en esta tierra. Mishlei.Proverbios-20:27 “Neir Hashem nishmat Adam- Lámpara del Eterno es el espíritu del hombre” El propósito de todo judío en este mundo, es elevarse  continuamente a través de la luz de la Torá, que no se obtiene de otra forma que estudiando, y viviéndola, es decir, machacándose uno mismo, por encima de nuestro ego, de nuestra pereza, de nuestro materialismo, etc. Hay un precio por pagar ¿estamos dispuestos a pagarlo? Si no, entonces ¿qué hace usted aquí?, como muchas veces ha preguntado Rabí Avila a esta Kehila.

Esto nos lleva al segundo punto: el resultado divino del esfuerzo humano.

Nuevamente citamos al RAMJAL.

«Cuando un hombre se santifica con la santidad de Su Creador, incluso los actos físicos que realiza  se transforman  en asuntos de santidad. La prueba de ello, es la ingestión  de [la carne de] las ofrendas consagradas, que en sí misma constituye un precepto  activo. AL respecto, los Sabios dijeron: “los kohanim comban  y a los dueños de la ofrenda se les concedía la expiación”»

Sepan, por último que no es lo mismo ser un hombre PURO (Tahor) que un SANTO (Kadosh). Pues un hombre puro solo cumplirá los preceptos porque es algo impuesto, algo que sabe debe hacer, pero si pudiese prescindir de ellos, lo haría, sin embargo se mantiene en pureza. En cambio el hombre Kadosh-santo, dice el Ramjal, está apegado al Eterno permanentemente  y su alma está inmersa en la dimensión de los conceptos abstractos del amor y la reverencia al Santo, bendito es su Nombre. De aquí podemos entender el pasúk de nuestra persahá que dice:

Shemot 28:38 «y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Adon-i.»

En todo momento el esfuerzo por alcanzar la Santidad, la búsqueda de la voluntad del Eterno, el amor a Él, el apego a Él, debe estar arriba, en nuestra voluntad. Que el reflejo de nuestros actos en la vida cotidiana, en público y en secreto, digan siempre «Kodesh laHashem».  Un hombre así, dice el Ramjal, es semejante al Mishkan-tabernaculo, al Mikdash-templo y al altar… ¿No es esto así? Por eso dice el Eterno que habitaría en medio de “ellos” El Eterno quiere que cada hijo de Israel sea un santuario en medio del cual habite su presencia.


Continuamente, nuestra lámpara debe estar encendida. Mientras no hay Bet Hamikdash, la mesa de cada hogar judío es comparada al altar, las velas de Shabat, en esta misma línea de pensamiento, sería comparado a la Menorá… Haga de su hogar un Mishkan para Hashem.

 

Conclusion

La santidad es un estatus dado por el Eterno, condicionado por nuestra sincera búsqueda de ella, a través de estudiar a fondo la Torá y guardar los mandamientos.

Pero más allá,  que la búsqueda de la santidad por sí misma, debemos buscar agradar al Eterno, y entender que lo único que Él nos pide es nuestro corazón.

Ha dispuesto en este mundo las herramientas necesarias para poder conseguirlo. Estamos de paso, amados, la meta es el Olám haba, pero sin saltarse el Olám hazé, eso no es posible.

No importa cuánto conocimiento tenga usted acumulado; si es poco o mucho, lo importante es que lo entienda y pueda vivirlo.

Si puede avanzar más, hágalo por amor al Eterno, no se trata de saber por saber, no es una competencia con otro aj, sobre quién sabe más. Escribió nuestro amado Najman Mares la semana pasada “el termómetro para medirnos es cuánta Torá sabemos, pero mejor aún, cuánta Torá vivimos”. Preocúpese si no sabe Torá, si no le interesa, y por consiguiente no la puede vivir ¿entonces, qué hacemos aquí?

 

¡Shabat Shalom!

 


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