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Mandarás
Kodesh laHashem-Santidad al Eterno
10 de Adar I de 5768 16 de Febrero del 2008 Shemot / Exodo 27.20 - 30.10
Ariel Medina Sinagoga Bet Haderej México DF
Introducción
Shemot 27:20 Ve'atah tetsaveh et-beney Yisra'el veyikju eleyja shemen zayit zaj katit lama'or leha'alot ner tamid.
Temas de la Perasha
La perasha habla sobre los siguientes temas:
Enseñanza En esta persahá, hemos leído cómo el Eterno indica a Moshé rabenu/ nuestro rabino, que ordene a los hijos de Israel lo siguiente y le instruya sobre: a) Que traigan aceite PURO de olivas machacadas (para el encendido de la Menorá) b) Las vestiduras de Aharon, el kohen Gadol. c) Consagración de Aharon y sus hijos d) Sobre el Altar del incienso. Además, hemos aprendido en otros comentarios previos que la persahá Tetzavéh, que significa, como hemos leído, “ORDENA”, posee la particularidad de que no es mencionado en ella el nombre de Moshé. ¿Por qué? Hagamos un breve recordatorio para ubicarnos antes de avanzar a nuestra enseñanza. Cuando el Eterno pensó en borrar a todo el pueblo de Israel debido al pecado del becerro de oro, Moshé intercedió a favor de Israel diciendo: “Mejeini na misifreja asher katavta”/ “bórrame de tu libro que has escrito “, A lo que el Eterno le respondió, como está escrito en Shemot-Éxodo 32::33 « Y el Eterno respondió a Moshé: Al Que pecare contra mí, a éste yo borraré de mi libro», y bajo esta sentencia, no había razón alguna para que Moshé fuese borrado del libro ¿cierto? Nos enseñan los sabios de nuestro pueblo, que Moshé empleó una palabra adicional al decir “asher katavta (cuando shekatavta hubiese sido suficiente)”, por tanto, su nombre fue borrado de la persahá Tetzaveh, porque las palabras “asher” y “tetzaveh” tienen el mismo valor numérico, es decir: 501. Otra explicación dada por nuestros sabios de bendita memoria, a este respecto es que debido a este grave pecado del becerro de oro, el Eterno decidió no acompañar más al pueblo y dijo a Moshé “Mi ángel irá delante de ti” Shemot-Éxodo 32:34. Hashem deseaba que el ángel Mijael guiara a Israel junto con Moshé. «Hinei malaji yeilej lefaneja». ¿De dónde aprendemos esto? La palabra MALAJI, puede ser reordenada para leer en su lugar MIJAEL. Dice Rashi que Moshé no aceptó que el ángel Mijael los guiara, e insistió en que Hashem mismo acompañara al pueblo. Así entonces, en la perashá tetzaveh, hay 101 pasukim lo cual nos ayuda a recordar en ella la palabra MIJAEL, la cual tiene el valor numérico de 101. Esta persahá, en la cual no es mencionado el nombre de Moshé, es una forma indirecta para decir MIJAEL, porque –dicen nuestros sabios- que Moshé se resistió ir junto a Mijael hamalaj. Quiero basarme en el pasúk 28:36 de Shemot que dice: «Harás además una lámina de oro fino, y grabarás en ella como grabadura de sello, Santidad a Hashem (kodesh laHashem)» Si bien, ya he tocado antes el tema de la santidad, cuando hablamos sobre lo que nos da la Torá, al guardarla, en el sentido que la santidad viene de ella, hoy abordaremos un tópico relacionado pero que más bien se centra en cómo se obtiene, cómo podemos tenerla en nuestra vida. Un hombre que guarda los mandamientos del Eterno, seguro se convertirá en una persona llena de la esencia de Hashem, cuya Santidad es innegable. Pero si vamos a hablar de la Torá, relacionada con la santidad, entonces necesariamente caeremos en la cuenta de que no es un trabajo fácil. Pareciera sencillo imaginar solo leer la Torá y ¡Listo! Ya tengo Santidad. ¡No!, necesariamente debe haber un trabajo de por medio, un trabajo físico y un trabajo espiritual. Cómo extraer esa sabiduría de las letras impresas. Por supuesto que, en principio, se requiere un corazón dispuesto, y muchos otros elementos que ya se han estudiado en esta beit Hakneset, y que nuestro rabino Mijael Ávila “Shlita”, ha tenido a bien enseñarnos. Hablamos por ejemplo de la Emunah, que es un tema básico porque ella nos llevará a buscar del Eterno. Y este sentido, es necesario señalar que en la presente perashá, cuando el Eterno dice a Moshe: “Ordena a los hijos de Israel… que traigan aceite puro de olivas MACHACADAS, para el alumbrado… Veyikjú eileja semen zayit zaj katit lema´or lehalot neir tamid” Y como dijimos antes, es verdad que la palabra del Eterno no es superflua, y ya en este solo pasúk, estamos viendo muchas enseñanzas. Vemos que la luz de la Torá (ma´or), solo se obtendrá machacando, teniendo voluntad y esfuerzo para sacar esa luz de entre las letras que el Eterno ordenó en ella. Mishlei 6:23 dice: “la Torá es luz…”, pero si queremos de verdad ver esa luz, uno debe machacarse a sí mismo, no solo en el estudio sino también en vivirla, pese a las fuerzas que nos empujan hacia la dirección opuesta. Y también machacar la Torá, en sentido figurado, para extraer de ella la enseñanza que nos dará la luz oculta ahí. Entonces tenemos que hay dos procesos en la consecución de la Santidad y esas son. 1.- El esfuerzo por conseguirla 2.- La recompensa divina por ese esfuerzo. Me permito citar al Rabí Moshé Jaim Luzzato el RAMJAL, de su libro Mesilat yesharim (La senda de los rectos), en cuanto a los dos puntos anteriores. Explica que «el ser humano primero debe santificarse a sí mismo, y al final recibirá la santidad.» ¿Cómo será esto? Pareciera que santificarse y santidad son lo mismo. Aparentemente, hay algo que no encaja. Y, sin embargo, explica el RAMJAL - Si yo necesito machacarme a mí mismo, para sacar la luz de la Torá contenida en ella, y al vivirla obtener la santidad ¿Cómo es que hasta el final recibiré la santidad? ¿No es mientras voy avanzando? Esto me da la idea ya, de que la Santidad no es una cosa que se va dando por partes, sino toda de una vez. El RAMJAL explica, entonces: « El esfuerzo mencionado significa que el individuo debe separarse y desprenderse completamente de la dimensión material y apegarse constantemente, en todo momento y circunstancia a lo divino…» E incluso cuando el ser humano se ocupa de actos físicos necesarios debido a las exigencias de del cuerpo, su alma no debe apartarse de su apego al Altísimo, como lo expresa el versículo:”Mi alma se apega tras de Ti; Tu diestra me ha apoyado…” Ya lo vamos a entender, aunque ahora no parezca muy claro: »No obstante, dado que es imposible que el ser humano se coloque [siempre] en este estado espiritual, porque es demasiado pesado para él (pues en última instancia sigue siendo un ser físico , de carne y sangre), por ello dije que la etapa final de la santidad constituye un regalo divino. »Pues lo que el ser humano es capaz de hacer es (sólo) el esfuerzo inicial: la búsqueda activa del conocimiento verdadero y el esclarecimiento constante en aras de la santidad de los actos. Pero su conclusión es que el Creador lo guiará en este mismo camino que él desea seguir y hará que resida en él Su Santidad y lo Santificará. Y entonces su esfuerzo concluirá exitosamente en que podrá mantenerse en este estado de apego a Dios en forma permanente. Pues aquello en que la Naturaleza [material] le impide lograr, Dios le ayudará y le asistirá. En este sentido, el versículo declara: “no retendrá el bien de aquellos que marchan con integridad”» Así que de todas formas debe haber en principio, un esfuerzo de nuestra parte en esa búsqueda de la Santidad, y ¿en dónde debe concentrarse el esfuerzo?, pues nada, que solo en la Torá, para aprender a amarle a Él por lo que Él es, conociéndolo a través de sus mandamientos que iremos entendiendo mejor cada día que lo practiquemos amándole. Es que el hacer la voluntad del Eterno, debe ser movido únicamente por el amor que hacia Él nos insufla el estudiar la Torá, que es como aprendemos a conocerle. Es una reacción en cadena: entre más estudio su Palabra, más le conozco, y más le amo, y más quiero apegarme a Él. ¿Cómo nos apegamos a Él? Haciendo sus mandamientos. Sigamos con las olivas machacadas. Tenemos que el aceite puro de olivas machacadas (subrayo), servirían para el encendido de la Menorá, para hacer arder CONTÍNUAMENTE LAS LÁMPARAS. En principio, hemos aprendido en la perashá del año pasado (5768) que el aceite no se mezcla con ningún otro líquido –hasta donde yo sé- , al contrario, se separa y se eleva, y esto tiene una enseñanza de fondo. El pueblo judío, usted como Yehudi, no debe mezclarse a fin de no ser asimilado, porque es único a los ojos del Eterno. Su meta, recuérdelo, no es dejar la vida en este mundo-olám hazé, sino el Olam habá-El mundo venidero. Por lo que usted debe grabar su vida, sus actos, su búsqueda y su despertar y dormirse con las palabras Kodesh laHashem-Santidad al Eterno. Las lámparas, amados, la lámpara, mejor dicho, es el alma de todo judío en esta tierra. Mishlei.Proverbios-20:27 “Neir Hashem nishmat Adam- Lámpara del Eterno es el espíritu del hombre” El propósito de todo judío en este mundo, es elevarse continuamente a través de la luz de la Torá, que no se obtiene de otra forma que estudiando, y viviéndola, es decir, machacándose uno mismo, por encima de nuestro ego, de nuestra pereza, de nuestro materialismo, etc. Hay un precio por pagar ¿estamos dispuestos a pagarlo? Si no, entonces ¿qué hace usted aquí?, como muchas veces ha preguntado Rabí Avila a esta Kehila. Esto nos lleva al segundo punto: el resultado divino del esfuerzo humano. Nuevamente citamos al RAMJAL. «Cuando un hombre se santifica con la santidad de Su Creador, incluso los actos físicos que realiza se transforman en asuntos de santidad. La prueba de ello, es la ingestión de [la carne de] las ofrendas consagradas, que en sí misma constituye un precepto activo. AL respecto, los Sabios dijeron: “los kohanim comban y a los dueños de la ofrenda se les concedía la expiación”» Sepan, por último que no es lo mismo ser un hombre PURO (Tahor) que un SANTO (Kadosh). Pues un hombre puro solo cumplirá los preceptos porque es algo impuesto, algo que sabe debe hacer, pero si pudiese prescindir de ellos, lo haría, sin embargo se mantiene en pureza. En cambio el hombre Kadosh-santo, dice el Ramjal, está apegado al Eterno permanentemente y su alma está inmersa en la dimensión de los conceptos abstractos del amor y la reverencia al Santo, bendito es su Nombre. De aquí podemos entender el pasúk de nuestra persahá que dice: Shemot 28:38 «y sobre su frente estará continuamente, para que obtengan gracia delante de Adon-i.» En todo momento el esfuerzo por alcanzar la Santidad, la búsqueda de la voluntad del Eterno, el amor a Él, el apego a Él, debe estar arriba, en nuestra voluntad. Que el reflejo de nuestros actos en la vida cotidiana, en público y en secreto, digan siempre «Kodesh laHashem». Un hombre así, dice el Ramjal, es semejante al Mishkan-tabernaculo, al Mikdash-templo y al altar… ¿No es esto así? Por eso dice el Eterno que habitaría en medio de “ellos” El Eterno quiere que cada hijo de Israel sea un santuario en medio del cual habite su presencia. Continuamente, nuestra lámpara debe estar encendida. Mientras no hay Bet Hamikdash, la mesa de cada hogar judío es comparada al altar, las velas de Shabat, en esta misma línea de pensamiento, sería comparado a la Menorá… Haga de su hogar un Mishkan para Hashem. Conclusion
La santidad es un estatus dado por el Eterno,
condicionado por nuestra sincera búsqueda de ella, a
través de estudiar a fondo la Torá y guardar los
mandamientos.
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